Íbamos a la casa de los abuelos. Los abuelos vivían en un pueblecito de
Ourense. Fuimos un par de veranos a pasar unos días con ellos, cuando yo era
más pequeño. Recuerdo que la abuela me abrazaba y me besaba todo el rato. Mi
abuelo siempre estaba serio y gritaba mucho, pero me llevaba con él a trabajar
al campo y dejaba que le ayudara, y eso me encantaba. También recuerdo los
animales. Había gallinas, cerdos, conejos y dos perros que siempre estaban
tumbados a la sombra. Yo quería que jugaran conmigo pero papá decía que ya
estaban mayores para jugar. Por las tardes, íbamos al río a bañarnos. Allí
siempre había más niños y, aunque recuerdo que jugábamos juntos, soy incapaz de
decir cómo se llamaban.
Al volver del río parábamos en la tienda a comprar chuches. La tienda
no era como las de Madrid. Todo estaba amontonado en las estanterías y podías
comprar desde una botella de aceite
hasta unos calcetines, mientras te miraban, desde sus sillas, unos
señores que jugaban a las cartas.
Hoy, en clase, la profesora nos entregó las imágenes que aparecen a continuación. A partir de ellas tuvimos que escribir las diferencias, de acuerdo con los conocimientos que teníamos y lo que veíamos en ellas.
En cuanto la profesora nos lo dijo, yo
empecé a escribir rápidamente…
Una vez que teníamos escritas nuestras diferencias, la profesora organizó un debate en el que cada uno debía de contarle a sus compañeros lo que había escrito. En ocasiones coincidíamos en las respuestas, en otras no, entonces teníamos que dar nuestra opinión y saber entender la de los demás. Yo participé un montón de veces. El haber vivido en ambos lugares me proporcionaba cierta ventaja, pero bueno, de tener que decidirme por uno, escojo el pueblo. En él la vida es más tranquila y tienes más tiempo para estar con tu familia. Además puedes cuidar animales, salir a dar un paseo por el campo o hablar con los viejecitos que están sentados en el banco.
TRABAJO DE CLASE
Hoy, en clase, la profesora nos entregó las imágenes que aparecen a continuación. A partir de ellas tuvimos que escribir las diferencias, de acuerdo con los conocimientos que teníamos y lo que veíamos en ellas.
"La
primera de ellas es un pueblo, como el de mis abuelos. En ella podemos ver un
pequeño conjunto de casas que están rodeadas por mucha vegetación. En los
pueblos siempre hay muchos animales, aunque no los podamos ver ahora en la
foto. La mayoría de la gente se dedica a la agricultura o al cuidado de los
animales. Todos se conocen entre ellos, no como en la ciudad, que está llena de
extraños.
Como
podemos ver en la foto de al lado, las calles de los pueblos son estrechas, con
poca gente, pocos coches y las líneas de la carretera sin pintar. Las casas
suelen ser de piedra y bastante bajas, como mucho dos pisos, y a menudo tienen
un enorme jardín.
En
la segunda foto podemos ver un montón de edificios muy altos, casi pueden tocar
el cielo. Es una ciudad, como en la que vivía yo antes. En ella siempre hay
mucho ruido y gente por todos lados, no es como la tranquilidad del pueblo. Es
muy grande, tiene un montón de calles, pero no hay casi nada verde, todo es
asfalto. Aquí la gente ni se conoce y siempre va con prisas. Hay muchos tipos
de trabajos: banquero, camarero, taxista, policía, etc.
En
la foto de al lado, que es una calle de una ciudad, podemos ver que hay coches por
todas partes y para poder cruzar tienes que buscar un semáforo. En el pueblo
esto no pasa, puedes cruzar por donde quieras, eso sí, siempre con cuidado."
Una vez que teníamos escritas nuestras diferencias, la profesora organizó un debate en el que cada uno debía de contarle a sus compañeros lo que había escrito. En ocasiones coincidíamos en las respuestas, en otras no, entonces teníamos que dar nuestra opinión y saber entender la de los demás. Yo participé un montón de veces. El haber vivido en ambos lugares me proporcionaba cierta ventaja, pero bueno, de tener que decidirme por uno, escojo el pueblo. En él la vida es más tranquila y tienes más tiempo para estar con tu familia. Además puedes cuidar animales, salir a dar un paseo por el campo o hablar con los viejecitos que están sentados en el banco.





